miércoles

© Estudio sesudo sobre la influencia de las vacaciones para el ama de casa (80% mujeres)










Lo mismo da si tus vacaciones transcurren en el campo o en la playa y ya no te digo si te quedas en la ciudad. Bueno, si tienes suerte de tener alguien a sueldo para que te ayude en las tareas y te quedas en la ciudad, puede que estés mejor en lo tocante a lo que quiero exponer.

Comienza el día, como estás de vacaciones te has quedado en la cama una horita más de lo habitual, miras al otro lado de la cama y Don no está. ¡Ah, sí! se ha ido a andar en bicicleta por estos montes con los amigos de la cuadrilla de bicicleteros, a la tarde ira a jugar la partida al mus con los museros. Pues date prisa, te dices, que los niños están al despertar (si son los tuyos, vale, pero si son los hijos de tus hijos, es fácil que además tengas a los padres) Pones la cafetera, colocas la mesa con todo lo necesario y desayunas tu. Pones la lavadora y de mientras, haces la cama y recoges un poco la sala, que parece que haya venido la Marina a verte. 

Cuando se levantan todos empieza el lío, unos quieren ir de excursión a no sé qué pueblo, otros quieren ir a la playa, nadie quiere vestirse con la ropa que les han adjudicado o lo que quieren es ir con sus amigos a pescar al acantilado y no sirve de nada que les digas que es peligroso. Por fin se van. Y allí te quedas tú mirando el infinito sin ver nada. Con suerte tu yerno ha bajado a la pescadería y ha traído unas rodajas de bonito con una pinta excelente y además no quiere que le pagues lo que le han costado (¡aleluya!) Entonces tomas otro café y untas una madalena (no debería hacer esto, te dices). Diez minutos, luego cuelgas la ropa, limpias el bonito, sacas un bote de tomate frito del super y preparas el bonito (¡que tomate casero preparaba yo antes! ) Vuelta a recoger, por lo menos alguien ha hecho las camas.

Miro el reloj ¡las doce y media! Señor, como pasa el tiempo. Entonces llega el Don y te mira, todo sonrosado: ¡Aún estás así! dice sorprendido, vamos a llegar a la playa los últimos y luego añade: hemos almorzado unos huevos con lomo de primera, donde la Mirona, como siempre y comienza a relatarte los cotilleos de la mañana, todo esto desde el baño, tú no le oyes con el ruido del agua de la ducha, pero además no le escuchas y esperas pacientemente para poder entrar al baño, porque hay más, pero este nos lo han adjudicado a los dos y el otro es para los demás (todo un privilegio)
Cuando voy hacia la playa me encuentro con dos de mis amigas que bajan acaloradas, como yo.


A la una y media los niños se acercan a ver si hay algo para comer, porque en esta playa no hay chiringuitos, que es casi salvaje. Sí, tengo trozos de manzanas bien lavados, faltaría más.

Bueno, no sigo, esta historia sería larga de contar y he de reconocer que todo sucede porque yo dejo que suceda. A veces pienso que voy a levantarme de la cama e irme a caminar toda la mañana, yo solita, sin preocuparme de nada. Pero enseguida me digo que cuando vuelva estará todo sin hacer (o quizá no, debiera probarlo) y que no me va a compensar. Es que desde que nacemos a las mujeres de mi generación nos enseñaban que debiamos ocuparnos de estas cosas, además de cuidar a nuestros mayores o enfermos y nosotras nos lo creímos porque si no eras dulce, cariñosa y entregada, eras solo un bosquejo rudimentario de mujer. Y si no lo asumías es porque eras una egoísta como la copa de un pino. No sé, supongo que esto habrá cambiado, creo que las mujeres lo tienen claro, pero no sé yo si es lo mismo con los hombres; algunos puede que sí, la mayoría habla mucho en público de igualdad y bla, bla... y se lo creen, pero se les olvida al llegar a casa.  

Total, que solo quería que supierais que me he jubilado y además estoy de vacaciones, con lo que eso significa para una mujer ama de casa, o sea, casi todas. Que me voy a ir a un hotel en cuanto se vayan los hijos y nietos y tanto si viene Don como si no, en Setiembre que habrá menos gente y me voy a sentar a leer sin comer siquiera y de paso a lo mejor pierdo unos kilitos. 
Y esto lo cuento yo que tengo suerte, imaginad las que además no la tienen.