lunes

Sensaciones






Segundo día de sol en un invierno de lluvia, viento y otras calamidades varias, sobre todo si se vive en la costa del Cantábrico. Huele a primavera. Lo noté ayer dando un paseo por el parque. Me gusta el parque porque los paseos están rodeados de árboles de diferentes clases, todos hermosos y llenos de historia. Olía a primavera, ya digo. No sabría exxpresar cómo es ese aroma entre cálido y dulce que se acerca llevado por la brisa y luego se va.

Hoy sigue el cielo azul y soleado, la gente a vuelto a correr para ir a su trabajo, los afortunados que lo tengan, pero sigue oliendo a primavera; en mi terraza los rosales empiezan a echar hojas (si casi acabo de podarlos) y lo mismo les pasa a las hortensias. Y los zócalos de mis ventanas y el suelo de losetas del balcón están amarillos. Sí, de ese polvillo misterioso que aparece cada primavera, lo llena todo y un día desaparece, tal como ha llegado. Dicen que es de las mimosas. Puede que lo sea. El único árbol mimoso que veo desde aquí está ahí arriba en la colina, no demasiado lejos. ¿Será él el responsable? ¡Qué poderío el suyo!

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