viernes

La insoportable levedad






— ¿Cuantas preguntas te has hecho ya? No crees que debieran ser ya suficientes.
— Esa pregunta ya me la hago yo. Sé que todo esto no me lleva a ninguna parte, pero no puedo remediarlo.
— Y ¿Qué respuestas te has dado? ¿Has aprendido algo?
— No mucho. O quizá sí. Sé de muchas cosas, de muchas ideas, también bastante de la manera en que entienden en otros lugares, otras personas, todo esto de la insoportable levedad del ser. Pero yo sigo siendo el siervo de mis dudas, el que sigue por el camino que dicen correcto pero que no sabe a ciencia cierta a dónde va.
— Pero, querido amigo, si ya no sabes, nunca sabrás. Porque hay preguntas que no tienen respuesta, como no sea una piadosa mentira, o una verdad que jamás será certificada. Llega un momento en que tal vez debamos contemplarnos benevolentes, lo que hicimos ya no puede modificarse. Tal vez, en algún lugar, nos esperen las respuestas a tantas preguntas sin ellas. Sea como sea, yo quiero dejar que las horas y los días fluyan mansamente y medir la fuerza de la vida en esas pequeñas sensaciones e imágenes que ella nos regala cada día.
— ¿Lo dices en serio? Tú siempre tan analítica buscando aquí y allá ¿no te preguntas ya nada?
— Tal como lo oyes. Y ¿sabes? A veces las respuestas vienen solas, cuando ya ni pienso en ellas.

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