viernes

Un paseo por el paraiso




El ser no sabía que era. Suspiró porque era duro ser y nada más y estar solo. De aquel suspiro nació una partícula apenas visible que fue creciendo con cada nuevo suspiro. Así supo el ser que era y cuál era la razón de su existencia. Con cada nuevo suspiro dotó a su obra de nuevas posibilidades y las dejó crecer y desarrollarse en libertad. Con el tiempo vio que aquel punto suspendido en la nada había crecido de tal manera que apenas era capaz de verlo en su totalidad.
Pero le pareció hermoso y después de contemplarlo serenamente, se sintió satisfecho. Algo falló en el orden de su obra. Al principio se dijo que todo volvería a ser como era, que solo necesitaban tiempo para darse cuenta. Pero no fue así y el ser no podía inmiscuirse en el desarrollo de los acontecimientos, él conocía su existencia pero no controlaba a aquellas criaturas inconscientes y orgullosas que habían dejado de amar su paraíso.
El resultado de siglos de evolución se destruiría si no se daban cuenta y cambiaban de actitud. Y el ser se sintió triste porque nada podía hacer, ya que, como sabía, era invisible, era para sí, pero para ellos no existía.




©Rosa García 

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