sábado

Reflexiones en un sábado a la mañana






Una señora hablaba en la radio esta mañana. Me he despertado y ella contaba las experiencias de su vida. Yo me decía ¡qué suerte¡ cuantas cosas hace y que satisfecha parece. Luego he recordado el tiempo, no muy lejano, en que yo también tenía ocupaciones que me gustaban y además gracias a las que veía a personas agradables y cercanas.

Tengo que moverme, me he dicho a mi misma. Seguramente puedo hacer mucho más de lo que hago. Y lo he dicho convencida de que así es. Estaba feliz pensando en todo eso que siempre me ha gustado, gimnasia, pintar, tocar la guitarra, salir con amigas a comer, visitar a las abuelas de la residencia. Miles de cosas.

Me he levantado agitando el aire al andar. Hoy ha vuelto a salir el sol y el día invita a los paseos. Cuando he tomado el café he decidido mover un poco esta casa tan minúscula para luego salir a ver la playa. Y entonces ha sido cuando la realidad me ha caído encima con todo su peso. Y aquí estoy, sentada de nuevo, con este aparato que me da vida cuando me siento inutil y hablando conmigo misma.

Empiezo a pensar que me habré vuelto perezosa, o vaga o inutil del todo. Quizá no me pase nada, solo que no quiero esforzarme. No lo sé, pero el caso es que aquí estoy, otra vez sentada. Mi cabeza va rápida, lo mismo que mis deseos de vivir. Pero mi cuerpo resiste poco y eso a veces me desespera. Luego, creo que para consolarme, me digo que estoy viva y que, a pesar de todo todavía hay muchas cosas que sí puedo hacer.

1 comentario:

Díaz de Tuesta dijo...

Es precioso, Rosa. Me encanta cuando escribes así, y sabes que siempre intento ser sincera contigo.

Supongo que, por edad, te entiendo mejor que muchos, pero me ha emocionado porque has sabido emocionarme, hacerme sentir eso que sentiste.

Pienso que es lo tuyo, lo intimista y desgarrado. Felicidades ;D