martes

Mírame a los ojos





El perro se me queda mirando con la cabeza alzada. Sus ojos están fijos en los míos y me estudia, yo también trato de averiguar si va a ser mi amigo o tengo que asustarle a él más de lo que me asuste él a mí, o si tengo que salir corriendo. Es un perro de raza "perriplás" cabeza por delante y cola por detrás.

No me va a asustar, ¡ni hablar! con mis ojos clavados en los suyos sigo por el camino. Seguro que se pregunta quién será esa mujer que se atreve a provocarle. Yo solo quiero seguir mi camino, porque me estoy quedando fría y no tengo mucho tiempo.

- Vamos perrito, mira que ojos tan preciosos tienes, y que cola más larga, muévela para mí. ¿Sabes que tengo una perrita que seguro que iba a gustarte?

Se lo digo dulcemente. Estoy loca, sobre todo porque me he acercado a él y me ha gruñido. No quiero que huela mi miedo. Por eso le canto: - Caminaba, caminaba por el bosque...

Definitivamente debe pensar que estoy chalada, porque levanta la cola y empieza a peinar el aire con ella, a la vez que da dos pasos hacia mí. No estoy muy segura, pero alargo la mano y le arrasco la cabeza y cuando veo que le gusta lo hago bajo las orejas. ¡Uff! parece que me admite. Hago todo esto sin pararme ni un minuto, él se sitúa a mi lado y me acompaña.

-¡Quieto! -le digo- vuelve a tu casa.

A ver si va a pensar ahora que me lo llevo a vivir conmigo. Nos miramos por última vez. Tiene unos ojos puros, inteligentes y dóciles. Nos despedimos, él vuelve sobre sus pasos, de vez en cuando se gira a mirarme y yo sigo caminando deprisa.

1 comentario:

Romina Hernandez Garcia dijo...

Qué bonito, yo hubiera querido adoptaron pero admito que no lo habría hecho, y se volteó a mirarla! Pobre Perriop...saludos!