domingo

Negocios


Te lo juro, aquel chico tenía una mirada que producía escalofríos; en sus ojos se entremezclaban la tristeza y el rencor, junto con un brillo claro de inteligencia. 
Se acercó a nosotros y nos preguntó si ya teníamos hotel y al responderle afirmativamente se ofreció a acompañarnos para lo que quisiéramos. Nos miramos y luego le miramos a él, ¡Era un niño apenas! Debió de notar nuestra compasión porque, lleno de orgullo levantó la cabeza y nos dijo: Solo son negocios no más señores. 
Y dándonos la espalda se alejó dignamente.