martes

En tus ojos

Modigliani



Ninguna de aquellas noches la risa adornó el aire, no era que no hubiera alegría, solo que la risa se había sentado en la butaca y descansaba casi todo el tiempo. Apenas de vez en cuando, levantaba la vista y miraba a lo lejos con un aire de profunda nostalgia, que ponía un punto de tristeza que se llevaba el viento.
Cuando algo le hacía cosquillas, la risa se despertaba y dando un salto cloqueaba, se estremecía, su cuerpo parecía temblar como un flan de huevo aún caliente. Era como el agua que se derrama en un torrente o como la brisa entremetiéndose entre las flores, era la mayor expresión de la vida, de la alegría de vivir. Y después enmudecía de nuevo y dormitaba en su asiento dejándose mecer por la música del violín.