lunes

Ellos



—¿Ni siquiera podía escribir su nombre?
—No, fueron días terribles, no era capaz de hacer nada. Tardé mucho en volver a llevar a cabo las cosas más sencillas de la vida diaria, cualquiera que hubiera hecho antes  se me hacía imposible, como si hubieran levantado un muro que jamás podría atravesar. La desesperación me dominaba por completo, estaba segura de que mi vida se había terminado. ..
—¿Qué hizo usted entonces, cómo lo consiguió?
—Ellos, ya se lo he dicho, ellos en la Asociación, se encargaron de enseñarme como si fuera una niña: a peinarme, a comer, a distinguir las cosas de casa, a leer en braille, a caminar con mi bastón extensible, a confiar, a ver con los oídos… y a volver a escribir mi nombre.