miércoles

Flautista de Hamelín a la moderna


En la plaza del pueblo los niños juegan al futbol, el campo es un jardincito que ya no tiene cesped de tanto pisarlo, los equipos encogen y ceden según se van o vienen más niños. No hay edades, todos forman parte de los dos equipos y nadie hace alardes si gana o si pierde.

En otra esquina los pequeños suben y bajan por los toboganes o trepan por mallas de gruesas cuerdas como si fueran tarzanes enanos, aquí los padres se afanan para proteger a sus hijos de cualquier accidente. Algunos, sentados en el pretil que separa la plaza de la calzada, charlan entre sí con una cerveza en la mano. También hay personas mayores, estas se sientan en los bancos de madera, un poco al sol, un poco a la sombra. Observan el ir y venir de los mayores y pequeños y el de algunas personas que atraviesan la plaza camino de sus ocupaciones. De vez en cuando se inclinan y comentan con el de al lado:

- Esa que va ahí ¿es la Martita la de la Josefa, no?
- !Qué va mujer!la  Martita se fue a Madrid con aquel chico pariente del Zagalijo. Esa es la sobrina del Toño el de la carnicería, que ha venido a pasar unos días con sus tíos.

Es difícil guardar un secreto en el pueblo, todo el mundo está atento a los  acontecimientos diarios y el que no se ha enterado pronto recibe información de algún vecino amable. La plaza es el lugar donde pasa casi todo, donde van casi todos. Los viernes amanece llena de puestos porque es día de mercado. Entonces salen hasta los que no salen nunca, se pasean mirando aquí y allá y seguro que nadie compra nada. O muy pocos. Pero el viernes es el día especial del pueblo, vienen los de los pueblos cercanos y las noticias vuelan, las mujeres hacen la compra de frutas y verduras y si se tercia se compran una blusa o un bolsito para la piscina, aparentemente a muy buen precio. Luego entras al inevitable chino y allí lo ves a mitad de precio.

A las diez suena la campana en la iglesia y marca la hora parsimoniosamente, no hay una sola casa que no escuche el carillón, el sonido se extiende a lo lejos como impelido por el viento. Suenan las medias, y los cuartos. Es dificil encontrar justificación aquí por haber llegado tarde a una cita.

Bueno, pues hoy ha pasado por aquí Hamelín el de la flauta, el que se llevaba a los niños. No ha sido un hombrecillo con una gorra ridícula, sino tres autobuses enormes que han deborado a los niños y se los ha llevado en su vientre a Santillana del Mar.  Iban contentos como en Hamelín, van a conocer la Historia, la del hombre desde sus comienzos conocidos y de paso conocerán un lugar precioso, lleno de edificios pintorescos y turistas.

Me asomo a la terraza de casa y veo la calle (peatonal) solitaria y triste. No hay niños, el Flautista se los ha llevado, pero ha dicho que a las ocho y media, aproximadamente, nos los devolverá.

1 comentario:

montse dijo...

Muy bueno. Pero lo mejor, sin dudar, los dos últimos párrafos. Has descrito las excursiones infantiles de una manera muy cercana a lo que deben ser para los críos. Me ha gustado mucho este retrato de la vida en un sitio concreto.