domingo

El reloj



Lleva lloviendo todo el día y además sopla viento fresco, así que nos hemos quedado en casa y para pasar el rato haciendo algo práctico nos hemos puesto a ordenar cajones y otras cosas olvidadas por lo menos desde hace un año.

Es curioso la de cosas que podemos guardar y que no sirven ni van a servir nunca para nada. Sergio mira en un cajón y de pronto veo que se sienta con aire derrotado.

-¿Qué te pasa?
-Acabo de encontrarme el reloj de mi padre
-!Vaya! te ha atrapado la nostalgia
-Casi había olvidado que lo tenía y aquí está en su vieja caja con fondo de tela, esperando a ver si le hago caso.
-Bueno, sácalo y dale cuerda y póntelo aunque sea un día. Te sentará bien hacerlo.

Lo hace y sigue con el orden y el exterminio, pues al poco tiempo, hay un montón de cosas inservibles amontonadas en una caja, todo para tirar. Sergio, de vez en cuando, consulta el reloj y lo acerca a la oreja, para saber si funcionaba.

-¿Va?
-Sí, de momento si. ¿Sabes? estaba pensando que yo voy a tener un problema que no tuvieron ni mi padre, ni mi abuelo.
-¿Qué me dices, y que problema es ese?
-Mi padre fué hijo único y yo, como sabes, solo tengo hermanas, pero ¿qué hago yo si nosotros tenemos dos chicos y una chica?
-No se que decirte, tal vez deberías dárselo a Juanjo, el mayor ¿no?
- Sí eso he pensado al principio, pero ¿porqué por el solo hecho de haber nacido antes ha de tener preferencia?
-Pues échalo a suertes entre los dos y que se quede con el aquel al que le toque.
-¿Y Laura? ¿porqué entre los dos? la niña también es mi hija y ya aquellos tiempos de las dicriminaciones deberían estar olvidados.
-Pues no se, la verdad, si que tienes un problema. Regala el reloj a Juan, tu sobrino que es hijo único y así te quitas el problema y el relojito sigue en la familia.

Sergio se ha quedado mirando el reloj como si fuera una criatura recién nacida a la que fuera a abandonar en medio del campo, ha vuelto a arrimarlo a su oído y lleno de orgullo me dice: míralo, aún funciona estupendamente.

-La verdad es que no puedo ayudarte, eso es algo que tienes que decidir tú. Estoy segura de que se te ocurrirá algo que resulte justo para los tres.
-Es que veo aún a mi padre parado delante del aparador del comedor dándole cuerda al reloj y siento aún aquella admiración que sentía por él y me gustaría que nuestros hijos me recuerden así a mí el día de mañana, no por darle cuerda a un reloj, eso ya no se estila, sino por cualquier otro gesto mío.
-Bueno, cariño, estoy segura de que van a recordarte muchas veces, eso dentro de vete a saber cuánto tiempo y siempre será así por muchas cosas, además de un reloj.

3 comentarios:

Papámba. dijo...

Un pequeño detalle desde el que se puede viajar tanto. Muy buena la entrada y te sigo, me pasé un muy buen rato en tu blog. Felicitaciones. Un abrazo

Rosg dijo...

Gracias Papámba me alegra mucho leer éso. Espero que vuelvas pronto.

Un abrazo.

Mario dijo...

Los objetos están al abasto de la nostalgia. Son fruto de ella, o se convierten en su fruto...

Genial lo que escribes y cómo lo haces...

Te dejo un abrazo, de tiempo.

Mario