viernes

Hablando con uno mismo



Como siempre digo, Marta, mi amiga, es un pozo de sorpresas y de sabiduría. Un día más salimos a tomar un café después de la tabla en el gimnasio. Creo que la razón de mi afición al ejercicio tiene más que ver con esas pequeñas charlas que con lo que a mi me guste sudar y cansarme.

Me decía esta vez que ella habla sola. Sí, parece una locura pero a ella no le importa parecer loca porque aprecia que un puntito de enajenación viene bien para la vida. Pues eso, que habla sola a todas horas si nadie le acompaña; en su casa, en la oficina, incluso a veces por la calle, que la gente la mira con cara de pena pensando en lo mal que debe estar esta chica para llegar a estos extremos. Poco a poco estas conversaciones se han hecho más frecuentes hasta el extremo de que se sienta en el sofá y ya no enciende la tele. Allí, bien cómoda, y en un perfecto silencio se cuenta a sí misma todas las novedades del día, los sentimientos que la llenan en ese momento, los deseos que querría ver cumplidos y todo lo que necesita decir y no se lo cuenta a nadie. No hay mejor oyente que uno mismo. Y dice que, con el tiempo, se ha dado cuenta de que esta costumbre suya es mejor que el mejor psiquiatra, que le ayuda mucho a conocerse y a valorar las cosas en lo que valen sin dramatizar algunas y dando prioridad a otras.

- Claro, le digo yo. Como se nota que no vives en mi casa. Si yo decidiera hablar a solas conmigo misma,en dos días me llevaban al médico. Puede que incluso me dijeran que para lo que hay que oir, mejor me callaba. Y además, aunque estuviera sola, a los dos minutos sonaría el teléfono. Así que adiós monólogo.

Pero luego, según venía a casa he pensado que hablar por teléfono es casi como hablar con uno mismo. No me digais que, bien pensado, no es un milagro eso de ponerte en la oreja un aparatito y hablar, hablar ... Pensamos que alguien nos escucha al otro lado, pero quién nos asegura que eso es cierto, que nuestro interlocutor no ha dejado el auricular sobre la mesa y se ha ido a parar la impresora. Ir al psiquietra debe ser algo así, solo que más caro. Tu le sueltas tu rollo a tu amiga, madre, hijo, marido .... y luego ellos te lo sueltan a tí. Osea como un dialogo con uno mismo. Claro, ya lo sé, el teléfono es para dar recados, que si no sale muy caro. Pero ¿quién no se ha quedado colgado de él una hora contándole a su churri cuanto le quieres y preguntándole que lleva puesto en una noche de esas cálidas de invierno?

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