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Amal Dunqul (Poesía árabe)

BIOGRAFÍA DEL POETA

Amal Dunqul nació en la aldea de Qala, en el Alto Egipto, en 1940 y falleció en 1983, tras una larga enfermedad. Comenzó escribiendo poesía tradicional rimada y posteriormente realizó una poesía más experimental, convirtiéndose en uno de los principales poetas egipcios contemporáneos. Publicó seis libros de poesía, alcanzando gran fama con su obra El futuro testamento, en 1975.






EL FUTURO TESTAMENTO


GÉNESIS

Capítulo primero

En el comienzo fui hombre, mujer y árbol.

Fui padre, hijo y espíritu santo.

Fui la mañana, la tarde

y la mirada fija y circular.

Mi trono era de piedra en la ribera del río.

Las ovejas

pacían, las abejas zumbaban en torno a las

flores, las ocas flotaban en el silencioso lago

y la vida latía como un molino lejano

cuando observé que todo lo que veía

no libraba al corazón del hastío.

(La pelea de gallos

era mi única distracción

en mi solitario asiento

entre las enmarañadas ramas).


Capítulo segundo

Pensé: si me acerco al agua y me baño, me partiré,

(si me parto, seré doble... y sonreí).

Tras bañarme,

del calor de los labios, las flores tejieron un chal

con el que cubrí mi tembloroso cuerpo.

(Mi trono flotaba cual arca).

Un pájaro voló sobre mi cabeza

y se posó, sacudiéndose la humedad.

Miré en las profundidades del agua.

Miré. Y vi

mi rostro adornado con una corona de espinas.


Capítulo tercero



Dije: Que haya amor en la tierra, pero no lo hubo.

Dije: Que el río se disuelva en el mar, el mar en la nube,

la nube en sequía y la sequía en fertilidad. Y germine

pan para sostener los corazones hambrientos y hierba para los rebaños

de la tierra, sombra para los exiliados en el desierto de la tristeza.

Vi al hijo de Adán erigiendo sus cercados en torno a la plantación de

Dios, contratando guardianes, vendiendo pan y agua

a sus hermanos y ordeñando las escuálidas vacas.

Dije: Que haya amor en la tierra, pero no lo hubo.

El amor sólo lo poseyeron quienes pudieron pagarlo.

... Y Dios vio que eso no era bueno.



Dije: Que haya justicia en la tierra: ojo por ojo y diente por diente.

Dije: ¿Devorará el lobo al lobo y el cordero al cordero?

No pongas la espada en cuellos de niños y ancianos.

Vi al hijo de Adán matando al hijo de Adán, incendiando

las ciudades, hincando su puñal en el vientre de embarazadas,

arrojando los dedos de sus hijos a los caballos como pienso, decorando el banquete de la

victoria con rojos labios gimientes.

La justicia había muerto y regía la ley del rifle. Sus hijos

eran crucificados en las plazas o ahorcados en los rincones.

Dije: Que haya justicia en la tierra, pero no la hubo.

La justicia sólo la poseyeron seres sentados en tronos de cráneos con sudarios como manteles.

Y Dios vio que eso no era bueno.



Dije: Que haya razón en la tierra con su voz equilibrada.

Dije: ¿Construirán los pájaros sus nidos en las bocas de las serpientes?

¿Vivirán los gusanos entre las llamas? ¿Se pintará

el búho los ojos con kohol? ¿Sembrará la sal quien espera el trigo, con el transcurrir del tiempo?

Vi al hijo de Adán enloquecer: talando los árboles,

escupiendo en el pozo, arrojando aceite al río,

viviendo en una casa con una bomba escondida

bajo la puerta, hospedando escorpiones en el calor de su pecho,

legando a sus descendientes su fe, su nombre y la camisa de combate.

La razón se convirtió en un mendigo exiliado, apedreado por

niños, arrestado por guardianes de fronteras, con la identidad patriótica

anulada por los gobiernos y el nombre incluido en

las listas de los que odian a su país.

Dije: Que haya razón en la tierra, pero no la hubo.

La razón cayó en un ciclo de exilio y prisión hasta que enloqueció.

Y Dios vio que eso no era bueno.


Traducido del árabe por:
María Luisa Prieto

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