domingo

Concentración

(Bajada de la Red)


La voz suave de la profesora se escucha apenas en medio del silencio:

- Siente tus piernas, tus caderas, el calor que sube por ellas, siente cómo se relajan…

Sentados en la postura del loto, concentrados, con las manos sobre los muslos, vestidos de blanco como si fuéramos novias, los ojos cerrados y la atención prendida en nuestra respiración, un grupo hacemos Yoga. La profesora nos invita a dejar nuestras mentes limpias de pensamientos y a dejarnos llevar sólo por nuestras sensaciones. El cuerpo deja de existir para dejar paso a un sentimiento etéreo y magníficamente ausente.

- Centra tu atención en las sensaciones, siente tu cabeza, nota tus ojos, relaja la boca y déjate llevar por este momento, deja que tus pensamientos fluyan cuando vengan a tu mente, déjalos pasar, no les prestes atención, respira, sigue el ritmo de tu respiración…

Sentada con la espalda erguida, sigo al pié de la letra las palabras que me llevan a notar esa sensación de paz y ausencia que tanto me gusta. No siento nada, no hay nada que me preocupe, estoy viviendo este momento especial, disfruto del instante porque es lo único que realmente tengo.

Quiero de verdad seguir así, pero hoy hay algo que no me deja, mi mente se olvida de la respiración, mi alimento de vida y se va en pos de los ruidos que vienen de la calle. Como en un sonsonete acompasado muchas voces corean alguna consigna:

- Alguna manifestación por la Avenida – me digo – no te distraigas, déjalo pasar, concéntrate en la respiración – me digo también - ¿qué pasará ahora, cuál será la razón de la protesta? Me duelen las piernas de tanto tenerlas recogidas y noto un poco de frío a pesar del jersey grueso. Me estoy cargando la sesión. Concéntrate.

Consigo que la voz de mi profesora me vuelva al redil, entreabro cuidadosamente los ojos y veo a mis compañeros sumidos en el letargo de la meditación y yo quiero sentirme como ellos. Vagamos por un paraje lleno de árboles frondosos, no tenemos prisa, el sol calienta apenas lo suficiente, la brisa es dulce y suave… vuelvo a sentirme feliz, disfruto el instante. En la calle suena un ruido seco y luego otro seguidos de muchos más. ¡Disparan, están disparando! El corazón de pronto decide irse por su cuenta y pierde el sereno ritmo que llevaba, ¿qué pasa? ¡ah! Son pelotas de goma, o al menos eso espero. Y ya pierdo totalmente el control y empiezo a sentirme mal porque los que andan por la calle son parados, de larga, de corta y de no te descuides que te toca a ti el próximo, duración. Solo piden trabajo, pero por el ruido y por el helicóptero que ahora sobrevuela los tejados, deben de ser muchos. Contra el paro pelotas de goma.

Curiosa la vida, nosotros buscando la paz de espíritu y ellos buscando la paz que da saber que puedes trabajar todos los días y cobrarás tu sueldo a fin de mes.

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