domingo

El puente



¡Qué maravilla! Cinco días de vacaciones para poder descansar y disfrutar de la vida. No hay demasiadas ocasiones como ésta de disponer de ese precioso intervalo entre el trabajo y el trabajo. Y hacemos planes: unos quieren aprovecharlos para ir a ver a la familia y volver al pueblo o la ciudad donde nacieron o se criaron, encontrarse con los amigos, hacer planes para las próximas navidades; otros quieren ir de crucero, aprovechando que ahora en esta temporada sale más baratito, y se ponen a soñarse a sí mismos mirando al mar desde la borda de un trasatlántico en medio del océano gris y lluvioso; los hay que quieren esquiar, o subir a una montaña helada, o tal vez ir a las islas a comprobar si hace un poco más de calorcito y pueden tomar el sol. Y también algunos aprovechan los días de vacaciones para volver a ver a sus parejas o a sus hijos, a los que tuvieron que dejar lejos para poder trabajar.


¿Y por qué no? Todos tenemos derecho a hacer lo que deseemos si no incordiamos a nadie haciéndolo. Semanas de planificación, de economía bien medida, de ilusiones y conversaciones íntimas de reencuentro, de sueños de noches de luna, de paseos y saludos, de abrazos o de visitas turísticas. Todos esos planes e ilusiones, toda esa emoción y planificación han dado un poco de brillo a nuestra vida corriente y llena de preocupaciones.

Y vienen ellos, seres orondos, dueños de la buena vida, amos de los aires y de nuestras ilusiones y lo chafan en un plis plas porque quieren cobrar más, trabajar menos o vayan a saber qué querrán ahora. No es la primera vez que lo hacen, pero esta se han pasado. Puede que tengan razón en sus reivindicaciones, no lo sé, vamos a decir que sí que la tienen. Pero ejercer vuestros derechos trabajando más, como los japoneses, o masturbándoos todos a la vez delante del presidente, o repartiendo billetes, de esos que tienen que sobraros, teniendo en cuenta lo que cobráis, entre los habitantes del poblado ese tan conocido lleno de personas desgraciadas, o quizá bailando sevillanas, con peineta y bata de cola y zapatos rojos con tacón y lunares, en medio de la pista del aeropuerto entre despegue y despegue de aviones. No sé… Usar la imaginación y dejaros de joder al personal que no os ha hecho nada ni tiene la culpa de vuestros problemas y que solo quiere utilizar los días de sus vacaciones como les venga en gana.

Si a vosotros y a vuestras santas madres os pitan los oídos en estos días, ya sabéis cual es la razón… más de medio millón de personas aún os recuerdan y es mejor que no oigáis en qué términos.

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