martes

Caballo desbocado







Ella amarró su corazón como se atan los caballos y tiró de la brida para evitar que se desbocara. Lo llevó bien sujeto para que nada le dañara. Y olvidó los días transcurridos y solo vivió para el presente.

Amiga; la llamaba amiga y ¿qué otra cosa había sido? una amiga para un momento, la depositaria de las confidencias, el entretenimiento de una velada, la cómplice y la sonrisa. Entonces era más que su amiga, o al menos eso había creído ella. Y ahora se empeñaba en marcar la distancia llamándola por su nombre: amiga.

Ella por fin lo había comprendido. Por eso amarró su corazón con una soga áspera y grosera y se dedicó a mirar hacia dentro para saber cómo podía haberse equivocado tanto.

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