domingo

MI CIUDAD





No acaba de decidir si sí o si no, me refiero al tiempo. Miro al cielo y veo trozos de un azul intenso que brillan reflejando los rayos del sol, pero también una capa de nubes negras y amenazadoras que se acercan por el oeste empujadas por un viento molesto. Miro una vez más dentro de mi armario y no acabo de decidirme por una chaqueta de agua o el cómodo chaquetón de lana que no pesa y abriga lo justo. Quiero darme un paseo cómodo y solo estaré a gusto si acierto con la ropa adecuada, que no me dé calor, pero que me abrigue del aire frío. No me complico la vida, cojo mi chaqueta marrón de goretex, que no pesa y sirve para todo y me calzo las zapatillas de andar cómoda y salgo a la calle con mi perro sujeto con la correa, aunque a él no le guste y me mire con mala cara.

Sigue asomando el sol y la calle está preciosa, los árboles se adornan ya con sus hojas recien brotadas, de un verde intenso y los parterres de la avenida revientan de flores, plantadas hace poco por los jardineros del Ayuntamiento con muy buen gusto, desde luego.

En mi camino me cruzo con gente que mira a las fachadas de las casas y se ve que andan un poco distraídas con sus mapas en la mano, buscando no sé si el camino a la gloria o el de un restaurante con buenos pintxos. Son visitantes de esos que nos acompañan cada vez que hay un puente o unas vacaciones un poco largas. No estamos acostumbrados, esta ha sido siempre una ciudad seria y trabajadora, poco dada al turismo, pero parece que nos hemos puesto de moda y es de agradecer que nos visiten, es una manera muy sana de conocernos unos a otros.

El Parque está casi desierto, los que pasean por él tienen aspecto de visitantes también. A la gente le ha dado por ir de aquí para allá a la primera ocasión que se presente y al final conocemos mejor otros sitios que el propio donde vivimos. La fuente lanza su chorro de agua a muchos metros de altura y cada vez que sopla el aire vuelve a caer en la dirección del mismo proporcionando a los pocos niños que hay un juego divertido y peligroso pues pueden acabar completamente mojados, pero eso es precisamente lo que les hace reir y correr alegremente.

Mi perro ya se sabe el camino y además debe tener prisa porque apura el paso moviendo la cola. Pensé que no estarían, pero sí, allí están casi todos sus amigos, como todos los días. Cuando se ven se saludan dando ladridos, saltando y corriendo, con una alegría envidiable. Los dueños y yo nos saludamos educadamente y hacemos comentarios de esos de circunstancias: vaya día, llovera o no ... En general nos hemos quedado en la ciudad porque hay que andar buscando un hotel donde admitan animales de compañía y en los autobuses o trenes, incluso aviones, tampoco los admiten. Y ellos son nuestra familia, no queremos dejarlos.

La ciudad está muy agradable ahora. Caminar por la calle en silencio, sin escuchar el ruido constante de los coches, los frenazos, las arrancadas, los gritos de la gente y todos esos ruidos a los que parece que nos hemos acostumbrado, es un placer que había olvidado. Nadie te empuja mientras paseas, todos caminamos como sin prisa, relajadamente. Me gusta mi ciudad en Semana Santa.

2 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

A mi me gustan las ciudades en vacaciones, cuando las gentes se van y todo queda semidesierto y silencioso.

Rosg. dijo...

Pues tienes razón, aunque yo creo que en esos días la cuidad no es exactamente ella misma. ¿No te parece?. Un beso Mª Jesús.