lunes

Cosas de amigos






Gloria le llamó por la tarde cuando llego a casa de la oficina. Hablaron de las cosas de sus vidas, nada demasiado novedoso.

- Te llamé ayer a la noche - le dijo él - comunicabas.
- Si - respondió Gloria, siempre sincera - hablaba con un amigo.
- Más de media hora - la voz parecía algo alterada.
- Sí, hablamos bastante.

Desde este mismo momento algo cambio en el aire que lo hizo pesado y dificil de respirar. Gloria habló un poco más y ante las respuestas cortantes de él, dió las buenas tardes y colgó el teléfono. Y se le olvidó el asunto.

Se encontraron por casualidad en las galerías Prescot. Iba a comprar libros a aquella librería tan estupenda, como otras veces; él cruzaba la galería de una calle a la otra. Lo invitó a un café. Pronto se dió cuenta de que el aire seguía enviciado y espeso. Para ver si conseguía aligerarlo le preguntó por su última conquista. Había terminado con ella, ahora se dedicaba a todas. Había durado poco por lo visto, pero el aire espeso continuaba entre ellos. Gloria estaba mosqueada, eran amigos desde hacía bastantes años ya. Durante un tiempo habían tenido mucho más que amistad, se habían querido de manera total, a veces tan alocadamente que daba miedo, siempre entre discusiones y reconciliaciones que los llevaban al paraíso. Nadie entendía qué era lo que los podía atraer a uno del otro, eran lo más opuesto, lo más dificil de reconciliar. Lo dejaban, lo retomaban, siempre volvían. Se dijeron las cosas más hermosas y algunas horribles. Era una manera de amarse que dejaba agotado su espíritu y pleno su corazón. Finalmente la vida los separó con sus vaivenes.

Ella siguió con la suya, pero durante mucho tiempo sintió que le faltaba el aire. El se dedicó a buscar en otras lo que había dejado. Y al cabo del tiempo se volvieron a encontrar. Fué un misterio cómo consiguieron mantener su amistad sin que se hablara para nada del pasado. Aquello había terminado habiéndolo aclarado muy bien, en su momento. Pero ahora algo pasaba y Gloria quería saber qué era, así que le llamó y le preguntó qué sucedía. Negó rotundamente que algo sucediera y después de que ella le pusiera un poco contra las cuerdas con sus preguntas, dijo:

- Sí, me pasa algo. Cuando quiero hablar contigo espero encontrarte al momento y tú comunicas más de media hora. Luego me dices que estás hablando con otro. No me gusta ser postre de una comida.
- Por favor, tu no eres postre de nada, siempre serás mi amigo, eso que tiene que ver. O ¿es que crees que no debiera hablar con nadie?.
- No, no es eso. Es que me fastidia saber que estás hablando con otro, así no puedo llamarte cuando quiera.
- Estas celoso.
- ¿Yo? no, no lo estoy ¿por qué iba a estarlo?
- Eso digo yo. Tu vives tu vida con tus chicas. Yo hago lo mismo.
- Me voy.
- ¿Cómo que te vas?
- Sí, esta conversación es estúpida.
- Bueno, pues vete - y ella se puso de pié, tomando su bolso - pero que sepas que no hablaremos más. No me parece justo lo que dices, ni lo que haces. Y me estoy llevando un mal rato.
- Niña, no te vayas .... no te disgustes ... te quiero.
- Luego, sí estabas celoso.
- Sí, no puedo remediarlo.
- Yo tambien te quiero y tu lo sabes. Me voy de todos modos, pero recuerda que nunca te he dicho nada de todas tus amigas, nunca, nada ...
- Como tú no hay dos.
- Gracias por decirlo. No vuelvas a tratarme así.
- Espera, dame un beso.

Se besaron como se besan los amigos. En la mejilla. Y volvieron cada uno a su vida con un sabor dulce y amargo en sus corazones.

Rosg.

1 comentario:

mariajesusparadela dijo...

Pasa a veces.
Y creo que es terrible.