lunes

¿Qué importa el tiempo?





¿Qué fué lo que vió Nieve en aquel hombre, nadie lo sabe. Ella misma lo desconocía, sólo estaba segura de que fuera lo que fuese, tenía algo que ella necesitaba. Lo necesitaba a él, sus palabras cada mañana cuando amanecía, la forma tranquila de caminar por la casa, el café sin azucar, el pan ni poco ni muy tostado, su mano tomando su barbilla llena de expuma blanca y la maquinilla deslizándose por su piel, su cuerpo regado por el agua cálida, el olor de su ropa, el ruido de sus pisadas al salir o entrar en la casa.

Todos lo decían, ten cuidado, no te enamores. Ella no entendía de clasificaciones en sus sentimientos. El era él y nada más le importaba. Tomarle de la mano y caminar por el parque era como abrir las puertas del paraíso; su risa que brotaba de su boca entreabierta, soltando aire por entre sus dientes blancos, la presión de sus dedos en su palma, que era la caricia más erótica de cuantas conocía, la observación de los diferentes árboles y flores, sus palabras describiendo como nacen y mueren las mariposas. Las noches asomados al relente en la terraza, sin más ropa que una camiseta vieja, en una mano un bol lleno de leche y miel y la otra oculta en los rincones secretos de sus cuerpos. Y la voz extraña que susurraba los nombres de todas las constelaciones conocidas y las de aquellas que ellos se habían inventado y que eran absolutamente suyas.

Nadie comprendía que era lo que ataba a Nieve a aquel hombre, como si fuera hiedra que trepa por la fachada de una casa en ruinas. Una ligazón hecha a base de besos, miradas que derretían todas sus defensas, pequeños detalles que entibiaban su corazón de tal manera que a veces creía, asustada, que pudiera derretirse sin poder evitarlo. No era solo la locura de la noche, o del atardecer o del amanecer .... era además la ligazón de un ponche al que añades elementos y luego bates acompasadamente.

Así se ligo la vida de Nieve a la suya y de ello surgió un hermoso y dulce encuentro que duraría tal vez un día, un año o toda la vida .... ¿Qué importaba el tiempo?

Rosg.

5 comentarios:

BLAS dijo...

Todos lo decían, ten cuidado, no te enamores.

Me gustó el relato y me gusta tu blog. ¿Me dejas seguirte?

saludos blasianos y gracias por pasar.

Rosg dijo...

Sigue ... sigue. Cuando escribo espero que alguien me lea. Gracias por la visita y las palabras.

lady marmalade dijo...

Hola Rosg... que suerte encontrarme con tu blog, gracias por comentar en el mio.
Uff que fuerte me resulto esto y si supieras que identificada me siento, no tenes una ídea, parece que nos conocieramos y contaras lo que me sucede... me encanto la forma que lo volcaste y a la vez me entristece ya que es un poco el relato de mi historia.
Gracias nuevamente y seguiré pasando y comentando.
Besos

mariajesusparadela dijo...

Vendré de vez en cuando a visitarte, si no te importa. (cuidado con la espuma)

PÁJARO DE CHINA dijo...

Amamos pequeños gestos inexplicables, irreductibles a la explicación de la palabra (las explicaciones liquidarían el encanto del gesto). Y sí, sí, ¿qué importa el tiempo? Arranquémosle la belleza del instante en el que conviven el pasado y el futuro y se deshacen todos los manuales de historia ...

Un abrazo fuerte.