miércoles

La mañana : ELISA CORRE





Elisa bajaba apresurada por la avenida taconeando con ese andar suyo tan personal, zancadas medias que transformaban sus caderas en un bote balanceandose al amor de la marea en una mañana de mar tranquila. Hacía tiempo que había decidido no pensar y se limitaba a vivir las cosas según venían, envuelta en la vorágine del trabajo, el gimnasio, los amigos de toda la vida y alguna que otra salida que siempre le dejaba el corazón helado.

El tiempo desgranaba sus pasos sin detenerse nunca y ella seguía con el corazón intacto, rebosante, incapaz de olvidar sus sueños. Solamente que, hacía algún tiempo que los había metido en su caja fuerte y los tenía alli guardados. Desnudar su cuerpo le parecía más sencillo que poner al descubierto su alma, o tal vez era que no había encontrado alguién que comprendiera que su pudor estaba más en su interior que en la parte externa.

En un recodo de la calle, al finalizar la avenida, como no miraba sino hacia dentro de sí, se tropezó con un hombre. Los libros que el llevaba en sus brazos se deslizaron al suelo y Elisa, apurada y consciente de su despiste, trató de ayudarle a recogerlos y así fué como se cruzaron sus miradas. Fué solo un instante. Apenas un segundo que no duró nada. Fué como un signo, como el polvo mágico expandido por un hada, algo que quedó atrapado en el aire, que tal vez fué mutuo o solo ella lo notó.

Le pidió disculpas y se fué ....

Rosg.

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