domingo

DIAS EXTRAÑOS




A veces una tristeza dulce y suave me va llenando el alma; no es una de esas tristezas que tenga que ver con pesares de la vida concreta, sino de aquellas que ponen en la cabeza dulces añoranzas y en el corazón un escalofrío mezclado con el calor de los recuerdos.

A veces, pensando y pensando, uno no sabe que es concretamente lo que desea, si pasear por el borde de los acantilados mirando el brillo del mar y el cielo reflejado en el, o sentarse en la entrada de la puerta de casa y contar las flores que han crecido en el jardín de al lado.

Pero hay un conocido sentimiento que no deja de revolverse por dentro como un gusano que cava su madriguera en la tierra, poco a poco y con paciencia. Y me deja medio sin recursos, con los ojos abiertos sin ver nada y deseando algo que no se sabe bien qué es.

Y no sé si echo en falta a alguien o solo es el deseo de tener a alguien a quien echar en falta. Tal vez desee brazos que me rodeen, manos que me lleven por la vida o labios que me besen cuando todo se vuelve frío y nada tiene sentido.

Pensándolo bien todo eso no me falta; ¿es entonces que, a veces, no me basta con lo que tengo y aún deseo mas?
Tal vez.

Hay un mundo de ideas todas ellas deliciosas que no estaría mal llevarlas a la realidad presente.

Hay días en que los ensueños me pillan despierta y consciente y siento que algo más debiera suceder, algo más que permanecer siempre serenos en la calma y la rutina. Quizá la emoción se esconda en nuestros sueños agazapada esperando a ver si somos capaces de hacerla real.

Quizá sea el sol que penetra hasta dentro de mi cuerpo a través de mi piel, y mi piel haya cobrado vida propia, o tal vez la brisa se cuele por mis oídos y la música suene de manera diferente después de sentir su caricia. O mis ojos vieron los bellos colores de la primavera y yo deseo llenar mi mente de parte de esa belleza emocionante.

Hay una especie de tristeza que hoy me emociona y yo me dejo llevar de sus deseos, lo que me ayuda a sentirme viva.

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