miércoles

CAFES CON MARIA






Tomando un café con María, me contaba algo así:

He visto a una señora, agarrada a su bastón que da pasitos lentos y mira al suelo para no tropezar. Cuando paso a su lado, me mira y nos sonreímos. En la placita de delante del Centro Médico los niños pequeños juegan entre los columpios y toboganes, sus risas y chillidos llenan el aire. Las madres o cuidadoras charlan entre ellas. Y en los árboles cantan los gorriones. He visto a una mujer, con una bolsa de plástico en la mano llena de trocitos de pan, que les daba de comer, rodeada de ellos y de palomas.

Todo lo demás no me importa- me dice - Sigo caminando contemplando a la gente que se cruza en mi camino, a veces sonrío sin darme cuenta y alguien responde a mi sonrisa sin pensarlo. Sé que en los soportales del campo de futbol, donde cada quince días nuestro equipo gana o pierde, unos cuantos hombres que ya no son nada para la sociedad, pasan allí el tiempo que va de una noche a otra. Y beben y hablan sobre lo que fueron y lo que pasaron y por qué acabaron siendo lo que ahora son. Yo paso de largo porque no me importa.

La barra dela cafetería a la que acabo de entrar a tomarme un café, está llena. Consigo un hueco y me siento en el taburete. Observo a todas estas personas que toman sus consumiciones con más o menos parsimonia y me doy cuenta de quienes son las que tienen prisa y quienes no. También sonrío y también algunos me devuelven la sonrisa. No mantengo la mirada de ellos mucho tiempo, no sea que piensen que deseo que me hablen. Solo quiero observar y tomar mi café.

En la TV del bar dicen que ha naufragado otro cayuco y que se han ahogado no sé cuantos subsaharianos, muchos. Veo a los que han conseguido llegar a tierra, completamente derrotados y con los ojos casi fuera de las órbitas a causa del miedo. Explican que había niños con ellos y mujeres embarazadas. Pero no quiero enterarme, todo eso no me importa.

Cuando vuelvo a la calle recuerdo que, esta mañana, mi hijo me ha dicho algo que no me ha gustado nada. De una manera sencilla pero muy dura me ha dicho algo que me ha dejado fría. Tal vez no tenía intención de herirme. Seguro que no. Pero mi corazón se ha encogido y luego ha bombeado sangre rápidamente hasta hacerme daño. Y le he mirado, tan alto, tan grande, tan estupendo y he recordado al bebé que yo acunaba en mi regazo o al jovencito que venía a contarme sus preocupaciones o al hombre que lloraba, la primera vez que le dejó la mujer que amaba en ese momento.

No tiene importancia, me digo. A cada nuevo empujón que me da la vida, a cada desilusión, preocupación, dolor, pena, todo lo que oigo, veo y sobre todo vivo que duele, he aprendido a decir : todo éso no me importa. Y no dejo que me duela, al menos no demasiado.

Mi amiga María es valiente y generosa. Yo lo sé

Rosg.

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