sábado





Me encontraba sentada en un banco cerca del retablo de la pequeña iglesia de paredes de viejas piedras y estampa recogida y fresca.

Una orquesta de cámara y un coro de voces bien timbradas y perfectamente conjuntadas, desgranaban las notas de piezas de música sacra que se expandían por el recinto sonoramente.

Me encontraba en otro mundo, perfectamente tranquila, dejando mi mente volar al compas de las notas, aunque estas hicieran una música tan seria. Sin darme cuenta mi memoria me llevó al recuerdo de pasados viajes, de días cansados después de llenar las retinas de hermosos paisajes y de gentes nuevas y de tardes-noches deliciosas en pequeñas iglesias, que ya no se usaban para el culto, escuchando música clásica tocada por muy buenas orquestas de camara; todo esto en la República checa.

Pero mimente es traviesa y poco a poco me fuí fijando en las personas que, sentadas en los bancos de la capilla, escuchaban, como yo. No era nada consciente, simplemente deslizaba la mirada por ellos y así, de pronto, me vi pensando en lo curioso que resulta ver a personas que, de hecho, ni se saludan por la calle aunque se conocen de toda la vida, sentadas próximas y compartiendo el placer de la música.

Incluso había allí viejos enamorados que hacía tiempo dejaron de amarse y ahora, en el mejor de los casos, se saludaban cumplidamente. Y de nuevo mi mente se deslizó, llevada por el compás de la música, hacía otros pensamientos, esta vez sobre el amor y el deseo de ser queridos.

Por malvados que seamos, por solitarios, descastados, odiosos que podamos resultar a los demás, todos llevamos dentro ese deseo que jamás se satisface lo suficiente, que es el de que nos quieran. Alguién siquiera, que sepamos con seguridad que nos quiere, en quién pensar cuando nuestra soledad o las frustraciones de la vida, nos hagan sentirnos míseros y dejados por todos.

El caso es, pensaba luego, que ese deseo de ser amados y, por supuesto de amar, es, generalmente la fuente de la mayoría de nuestros sufrimientos. Cuando queremos mucho, sufrimos mucho. La preocupación por los seres amados y el deseo de que todo lo que les suceda sea bueno, nos mantiene en constante angustia, que hay que saber controlar.

Añadir en nuestro corazón más amores, es añadir más goce, pero también más sufrimiento. Por eso son los más valientes los que más aman. Y por eso hay que estar preparado para sufrir, cuando se ama mucho. Tal vez por ello es tan maravilloso el amor cuando lo disfrutamos en los buenos momentos.

Pensaba en ello cuando los últimos compases del Concierto sonaban y los aplausos me sacaron de mi ensimismamiento. ¿Cómo vivir sin amor?. ¿Cómo no amar la música, por ejemplo?. Hay tantos y tantas cosas que merecen ser amadas ... Y hay tanto odio y desastres por el mundo que nos llenan de amargura ...

Mientras deslizaba mis pies despacio camino hacia la salida de la Iglesia, decidí que es preciso amar; y saber que nos aman fundamental. A pesar de todos los dolores que de ello se deriven.

Rosg.

No hay comentarios: