domingo



Cuando se atraviesa el paso de peatones que, en el pueblo, lleva desde la calle principal a la plaza de la Iglesia, te encuentras con un árbol, el primero de los varios que hay dando sobra a los bancos y formando una especie de tunel frondoso que refresca los paseos de los habitantes del pueblo; este árbol no es solo eso sino tambien punto de encuentro y referencia para los vecinos y promotor de muchas de las conversaciones diarias. Por ese paso circula casi todo el mundo aquí, tanto si vas a la Iglesia, como a hacer compras o a tomar un refresco o aperitivo. Del mismo modo pasas por allí si deseas encontrarte con alguien o si vas al cine o a darte un paseo.

Será por ello que la costumbre ha hecho del tronco de ese árbol del que hablo el tablón de anuncios de los acontecimientos del pueblo, para mejor conocimiento de los vecinos. Allí se anuncian espectáculos, obligaciones, llamadas y, sobre todo se colocan las esquelas de los que se van muriendo.

Es algo así como el árbol del muerto. Suena fúnebre, pero cuando te vas acercando y ves un recuadro de papel pegado, ya comienza uno a pestañear pensando quien será esta vez.

En medio de la calle principal hay un precioso café, de esos decorados en rústico, con una buena barra y una dueña detrás de ella aún joven con ganas de trabajar. Como vamos alli bastante esta mujer se nos hizo simpática y familiar, hablando con ella de cualquier cosa, cuando tenía tiempo.

Nunca se sabe si a esto se le puede llamar amistad, pero yo creo que si te ves a diario con alguien y hablas con ese alguien de las cosas de la vida, algún lazo afectivo se va creando, aunque sea flojo.

Ayer a mediodia la vi por última vez. Salió de detrás de la barra y se acercó a la mesa en la que estaba yo sentada con otros amigos y comentamos alguna de esas cosas superficiales que solemos decir en estos casos. Que si el tiempo, los nietos, la poca o mucha gente, lo poco que queda de verano .. etc. No fué nada especial. Tan solo que yo le dije que hacía días que no la veía. -No habremos coincidido - me contestó ella.

Y hoy sé que no volveremos a coincidir nunca más, jamás volveré a verla. Nunca, nunca .... jamás.

Hoy su nombre adorna el tronco del árbol maldito, según entras a la plaza. ¿Cómo es posible? he preguntado incrédula cuando me lo han dicho. ¿Cómo puede ser, si ayer estaba estupenda, si sonreía feliz?

No importa como ha podido ser, el caso es que ha sido. Todo lo demás que yo escriba aquí será un tópico. Que no somos nada, que hay que disfrutar cuando podemos, que la vida es un soplo ... etc. ¿Para qué darle vueltas?. La veo en mi memoria, en mi retina: menuda, nerviosa a veces malhumorada, otras sonriente, acababa de ser abuela por primera vez. Los planes de futuro quedaron ahí, por que ya no hay futuro.

Este verano el arbol de la plaza ha tenido muchos recuadros de papel pegados a su tronco. Por la razón que sea ha sido una época de mucha muerte; vecinos o veraneantes. Hemos mirado expectantes a ver de quien se trataba una y otra vez. Y hemos podido observar la pena por unos y otros. De algunos se podía esperar, en este caso ... imposible imaginar algo así.

Rosg.

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