martes

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Eso es lo que ellos exigen.
Piernas bien tonificadas.
Cinturas angostitas.
Lolas perfectas y espalda ancha.

Poco importa que la mujer que eligieron para toda la vida no reúna estos requisitos.
Ni se aproxime a estas medidas.

Ni que, si tiene desarrollados los músculos de los brazos,
sea de llevar de un lado a otro a los chicos,
que todavía no caminan solos.

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Eso es lo que exigen a "la otra".
Y el desabastecimiento de hombres libres crea,
como si se tratara de leyes físicas,
una proliferación de "otras".

Que hacen cola para saber cuál de ellas logrará que él abandone a la gordita con la que se casó hace diez años, cuando todavía no se hacía un culto
o una adoración a la belleza porque sí.
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Las que se visten para él.
Se peinan para él.
Se ponen divinas para él.
Como si fueran el pato de la boda, con papas y todo.

Las que no saben o no quieren saber que ese hombre jamás abandonará a la gordita que tiene en casa,
o a la no tan perfecta mujer con la que formó esa familia.

Porque, sin ellas, "la otra" pierde la magia.
Pierde el sentido.
Pierde la tonicidad en los músculos y las lolas perfectas,
porque ya no tiene un contexto, ya no es una piedra preciosa para exhibir ante los demás.
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Que no está mal ser bella, lo malo, quizás es usarlo compulsivamente para lograr afecto...
El amor.

Mi abuela era gorda.
Y mi abuelo la adoraba.
Él le midió un día la cabeza.
Y descubrió que medía exactamente .....
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Autor: Luisa Delfino de su libro ¿Estás ahí?

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