domingo

HISTERICA!

ntraron en la casa, el niño de seis años se empeñó en quedarse en el salon, a la entrada, mientras élla se fué a la cocina.

Mientras trasteaba en élla escuchó los gritos enloquecidos del niño. Salió corriendo para ver lo que sucedía ... el corazón le latía fuertemente. La puerta del balcón estaba abierta, la cortina, que no había sido corrida, enganchada en una esquina subia como un globo impulsada por el viento. La corrió en un santiamén para poder abrir la puerta de par en par, con la mente totalmente puesta en lo peor.

En la gran terraza, asido a la balaustrada que miraba hacia la calle, el niño chillaba alegremente mirando pasar los coches desde la gran altura que tomaba el ático.

Lo tomó del brazo y con un fuerte tirón lo metió en la casa. Lo reprendió duramente. El la miraba asustado ignorante del peligro en que podía haberse metido. Ella levantaba la voz llevada por los nervios y el niño hacía lo mismo para acallar su propio miedo.

El hombre entró en la sala y escuchó el jaleo. Miró al niño, miró a la madre con una mirada extraña, en su cara se dibujó un gesto de desprecio y con voz cortante y despectiva solo dijo:

!Histérica!.

Ella bajó la cabeza y se fué a la cocina silenciosa. -Tal vez lo soy- se dijo.

Y siguió con su tarea. No se sentía enfadada, solo sentía una especie de indiferencia, como apatía .... En el puzzle que formaba su corazón una ficha, otra más, había caido por los suelos.

ZB\

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